El proteccionismo animal de toda Argentina está de luto. Eduardo Groh Riemersma, el histórico rescatista de 49 años y fundador del refugio "El Montecito de los Canichones", falleció este jueves en la ciudad de Santiago del Estero tras sufrir un grave accidente de tránsito a bordo de su motocicleta.
El siniestro fatal ocurrió cuando Riemersma perdió el control de su rodado al llegar a una rotonda. Según los reportes, el impacto le provocó una fuerte caída que lo dejó inconsciente en el acto. Pese a que fue trasladado de urgencia al Hospital Regional, ingresó sin signos vitales. Su repentina partida deja un profundo vacío en las organizaciones defensoras de los animales, que desde provincias como Mendoza hasta el norte del país, siempre lo tomaron como un gran referente ético.
Previo al accidente Eduardo había subido un video al instagram del refugio contando que había llevado a parte de sus perritos a la peluquería y que luego al retirarlos haría el Antes y Despues. Luego del accidente el posteo se llenó de mensajes de despedida y de tristeza por la perdida de esta persona que realmente hacía algo por los callejeros que tanto sufren.
La historia del "Polaco" con los perros callejeros –a quienes él mismo bautizó con ternura como "canichones"– comenzó marcada por su propio dolor. A los 24 años, Riemersma había sobrevivido de milagro a un accidente automovilístico que le provocó infartos, lo dejó en coma y con un año de rehabilitación para volver a caminar. Durante su recuperación, un perro rescatado llamado Beethoven cambió por completo su perspectiva del mundo. Desde ese instante, decidió vender su empresa y dejar atrás las comodidades materiales para dedicar su vida entera a salvar a los animales que nadie quería
En el año 2006, "El Polaco" fundó de manera oficial "El Montecito de los Canichones" o también conocido como "Narnia" como él lo llamaba de forma cariñosa. El espacio, que comenzó en Bandera y luego se afincó en La Banda, se convirtió en un hogar de puertas abiertas que llegó a albergar a más de 400 perros en simultáneo. Riemersma iba a buscar a los casos más críticos: bajo su cuidado vivían canes ancianos, mutilados, quemados o con graves discapacidades motrices. Gracias a la ayuda de colaboradores y de una extensa red nacional de padrinos, se encargaba de la atención veterinaria, la alimentación y de visibilizar la crueldad animal brindando charlas de concientización en escuelas.
Hoy, ante la dolorosa pérdida de su fundador, la comunidad proteccionista y los voluntarios del refugio enfrentan el inmenso desafío de continuar sosteniendo el espacio y el cuidado de los animales. Eduardo Riemersma entregó su vida y sus recursos para darle una segunda oportunidad a los seres más vulnerables, y su legado seguirá vivo en cada uno de los miles de perros a los que logró darles visibilidad y dignidad.

