El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) publicó hoy la Resolución 1/2026 —la primera resolución numerada del organismo en el año— por la que derogó la Resolución 2021-16, que establecía las condiciones de excepción para que un vino pueda comercializarse con turbidez o sedimentos.
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El cambio puede sonar técnico, pero tiene implicancias concretas para un segmento del mercado vitivinícola en crecimiento: los vinos elaborados con mínima intervención, sin filtración y sin clarificantes —conocidos informalmente como vinos naturales o biodinámicos— dejaban de cumplir la condición general de limpidez del producto, y para circular legalmente requerían ampararse en esa excepción.
Por qué se derogó la norma
El INV argumentó en los considerandos de la resolución que "las tendencias actuales de consumo y las nuevas técnicas enológicas han consolidado la presencia de sedimentos o turbidez no como un defecto de calidad, sino como una característica intrínseca de ciertos métodos de elaboración, con mínima intervención, orientados a preservar propiedades organolépticas específicas". El propio Digesto Normativo que el organismo aprobó en 2025 ya había incorporado ese criterio, determinando que el aspecto del vino no constituye un factor determinante de su aptitud para el consumo.
Al derogar la norma de 2021, el INV elimina la necesidad de gestionar una excepción y consolida la regla general: un vino turbio o con sedimentos puede circular y venderse sin trámite especial, siempre que responda a su proceso de elaboración.
El mercado detrás de la norma
Los vinos naturales, con mínima intervención y sin filtrar son un nicho que viene ganando espacio tanto en el mercado interno como en la exportación, especialmente en los segmentos de consumo premium y gourmet. Mendoza tiene productores activos en esa línea, varios de ellos en el Valle de Uco y en zonas de alta montaña. La eliminación de la carga administrativa es una señal de reconocimiento formal a una práctica que ya era habitual en el sector.

